Jesús sólo tenía 12 followers y fíjate la que montó
17 enero 2010
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En el año 33 de nuestra era, un tal Jesús creaba su propia red social, su propio Facebook, con su perfil, su página de inicio y su muro. (Bueno, el muro ya lo habían construido los de la red social de la que él antes era fan, el judaísmo, aunque luego lo lamentaron) Hoy, dos mil años después, los followers o amigos de Jesús se cuentan por centenares de millones, están conectados entre sí y su grupo tiene un poder social incuestionable.
El titular de esta entrada del blog se lo he leído a @infonomada en Twitter, y me ha parecido una síntesis fenomenal y divertida sobre la génesis y posibilidades de los Social Media. (Para los que no estén familiarizados con Twitter, follower allí es lo que amigo en Facebook. En cualquier caso, la traducción directa del inglés como seguidor permite entender el significado aunque impide el guiño y las connotaciones twitteras).
Supongo que pocos apostarían hace dos milenios por la victoria de las tesis que defendían esos doce indocumentados followers de Jesús. ¡Pues mira ahora! Tienen una sede central en El Vaticano por la que Microsoft estaría dispuesto abrir gratis sus códigos fuente, una red de delegaciones por todas las ciudades del mundo que ya quisiera Botín para su Santander, y un catálogo de servicios gratuitos que es la envidia de los de Google. ¡Y todo esto lo han hecho sin internet, que si llegan a tenerlo…!
Salvando las distancias, que son muchas y espero todos sepan comprender, la primera difusión de la religión cristiana tiene mucho que ver con el boca oreja del actual marketing que utiliza los Social Media. Una idea siempre tiene un origen, y si es buena comienza esparcirse en red. Así ha sucedido con todas las religiones en la historia de la humanidad, y así está sucediendo también en la actualidad con todos los mensajes.
¿Cuál es la diferencia? Que ahora hay un canal, internet, y unas herramientas, las redes sociales, que posibilitan que una idea atractiva, una corriente de pensamiento, se transmita a velocidades de vértigo y en todas direcciones. Para dispersar su discurso, su píldora de márketing viral, los apóstoles tardaban, en el mejor de los casos, un día en recorrer la distancia de dos poblaciones separadas veinte kilómetros. ¿Cuánto ha tardado en llegar a las pantallas de los ordenadores de todo el mundo el vídeo de los bebés en pañales que dominan el patinaje urbano?
Los Social Media han conseguido borrar, esta vez casi de verdad, las fronteras. Gracias a sistemas como Facebook y Twitter nos enteramos de lo que pasa en determinados paises aunque no lo quieran sus gobernantes, o podemos poner nuestro granito de arena en la ayuda ante catástrofes como la de Haiti. ¡Hasta los japoneses, tan suyos ellos, tan tímidos, se han enganchado al Twitter como una fórmula contra la soledad!
Si Jesús, en sandalias y con 12 amigos en su Facebook, fíjate la que montó, ¿alguien se atreve a vaticinar dónde acabará esto?
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